miércoles, 27 de enero de 2016

Evocaciones a partir de una dedicatoria de Neruda a Arreola





"Cuando bebas agua, recuerda la fuente"
Proverbio chino

Por Julio César Aguilar*

            

             Hace un par de días Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar me informó desde
Zapotlán que, por fin, los restos mortales de Juan José Arreola serían trasladados en
fechas muy próximas a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres. Héctor Alfonso sabe, sin
duda alguna, que todos los zapotlenses que alguna vez aspiramos ingresar a los recintos
de la literatura, somos deudores de una manera u otra de la vocación artística de Arreola,
cuyo espíritu resurge en cada una de sus memorables páginas y que desde el 21 de
septiembre de 2015 habitará en los espacios reservados a los grandes hombres que han
contribuido a perfilar nuestro presente.



     Y ese día es hoy: acontecimiento histórico no sólo para las letras de Jalisco sino
nacionales, ya que el último juglar es uno de los primerísimos narradores de estirpe
universal que cinceló su obra con la delicadeza de un entusiasta orfebre de la palabra,
pasión por la misma que fue incuestionable en múltiples ocasiones en los ámbitos
también de la oralidad. Este suceso, por lo tanto, debe interpretarse más como una
ceremonia de justicia literaria a uno de los más sobresalientes orgullos de Zapotlán —esa
novia a la que tanto quiso y que le fue la más difícil de olvidar, según él mismo lo
expresara— que, sin dejar de serlo, como un acto político o con tintes partidistas. Con
esta alta distinción con la que se honra hoy la memoria del autor de Confabulario, una de
sus mejores obras, se justifican con todo su peso y luminosas resplandecen ya las
sencillas palabras que Neruda escribe en una dedicatoria a Arreola.



     Fue precisamente en Zapotlán donde coinciden ambos protagonistas de la
literatura hispanoamericana. Neruda, quien ya llevaba casi dos años radicando en México
como cónsul general de Chile, llega a Zapotlán el 16 de junio de 1942 por la invitación
del diputado César Martino para que escuchara recitar a Arreola. A Martino, por cierto,
Neruda le dedica un soneto que ese mismo día escribe, impulsado por la amistad e
inspirado por el ponche de granada y el cielo de Zapotlán rebosante de estrellas. Esa
noche, el joven Arreola recita de memoria los poemas “Farewell” y el “Poema XX”, del
chileno también universal, tras ofrecerle un discurso de bienvenida al poeta. Durante la
velada literaria, Arreola le pide a Neruda que le dedique su libro Veinte poemas de amor
y una canción desesperada, poemario en su quinta edición de 1938. El poeta escribe
entonces: “A Juan José Arreola con fe en su destino”. El ahora benemérito jalisciense
tenía veintitrés años de edad, pero ya era un gran artista en ciernes que vislumbraba su
sino. Y Neruda no se equivocó: esa fe que tuvo en la suerte de Arreola, este día se ve
coronada con el esplendor de la gloria literaria (perdón por mi entusiasmo y la retórica).



     Uno de los mayores privilegios que he tenido a lo largo de mis incursiones en la
literatura —y puedo asegurar que de mi vida, sin ninguna pretensión de exagerar—, fue
el haber conocido a Arreola y conversado con él cuando yo era aún niño. El impacto que
produjeron en mí esos encuentros —valga puntualizarlo— ha sido determinante en mi
carrera. Recuerdo que mi madre solía decirnos, cuando lo veíamos en su programa
televisivo, Vida y voz, durante su participación en el canal 13, que ese señor era pariente
de la familia, por parte de los Zúñigas. El padre de mi abuela materna, Daniel Zúñiga
Chávez, era tío de Juan José Arreola; por lo tanto, mi abuela Soledad Zúñiga Álzaga y él,
eran primos hermanos. Motivado por mi incipiente interés en la poesía y con el pretexto
de esa lejana relación de parentesco, en mi caso, un día le llamé por teléfono y le expuse
que era nieto de Soledad, su prima, y que deseaba mostrarle lo que yo escribía, con el fin
de recibir algún comentario sobre los textos y recomendaciones en cuanto a lecturas
debía realizar.



     Sin embargo, ya antes de escuchar a mi madre referirse al parentesco con Arreola,
yo tenía conocimiento del escritor a través de los libros de texto de primaria; hecho que
despertó mucho más mi interés por conocerlo. Inolvidables son las dos prosas “El sapo” y
“El elefante” que en nuestra infancia pudimos disfrutar en el libro de lecturas de sexto
grado, las cuales forman parte de su Bestiario, así como sobre todo la impecable prosa
poética que alude a la tierra natal y que todavía pervive en mi memoria palabra por
palabra: “Si camino paso a paso hasta el recuerdo más hondo, caigo en la húmeda
barranca de Toistona, bordeada de helechos y de musgo entrañable. Allí hay una flor
blanca. La perfumada estrellita de San Juan que prendió con su alfiler de aroma el primer
recuerdo de mi vida terrestre: una tarde de infancia en que salí por vez primera a conocer
el campo. Campo de Zapotlán…”. De igual modo, de esos libros de texto destaca otra
prosa contenida en La feria, y que alude precisamente a las festividades religiosas que
cada octubre se conmemoran en Zapotlán. Por otra parte, mi hermano mayor Engelberto
tenía en casa —y aún lo tiene— el libro de Lectura en voz alta, compilación de prosas
seleccionadas por Arreola y publicado en la Editorial Porrúa. Mi hermana Lola —ahora
mismo también me acuerdo—, quien por esos años estudiaba teatro en la Casa de la
Cultura, una noche me llevó a uno de los salones en donde Arreola impartía una charla.
Yo era el único niño que asistió esa vez entre adultos a escuchar, admirado, la expresión
decantada de su discurso.



     Decía entonces que desde la primera vez que me comuniqué con Arreola, ya tenía
yo cierto conocimiento de quién era y había leído por lo menos los textos mencionados
arriba. Siempre que hablaba por teléfono, me contestaba regularmente Claudia, su hija
mayor, ya que era ella quien vivía con él por ese tiempo en la casa de Loma de Barro, la
que es ahora Casa Taller Literario Juan José Arreola. A esa casa llegué un día,
transportado en el vehículo de Lourdes, mi hermana mayor, con la timidez del niño que
reconoce la superioridad del otro. Avergonzado, como si hubiera cometido yo un delito,
le extendí a Arreola las páginas mecanografiadas de los textos que llamé canciones.
Después de leerlos, benévola fue su respuesta: “para la edad que tienes, esto tiene
sentido”, dijo, recomendándome después la lectura de poetas principalmente del
modernismo, como Rubén Darío, Ramón López Velarde, entre varios otros. Ese primer
día que lo conocí en persona, una tarde de enero de 1983, antes de despedirme de él, fue
al estante donde tenía sus libros y me regaló uno suyo. Era el de Lectura en voz alta, que
todavía conservo. En la dedicatoria escribió: “A Julio César, ese regalo de año nuevo. De
su tío abuelo Juan José Arreola”.



   

     Poco tiempo después volví a verlo, cuando era director de la Casa de la Cultura de
Zapotlán. Ese mismo día tuvo la visita del poeta Germán List Arzubide, a quien tuve la
oportunidad de conocerlo en esa ocasión. De la conversación que ese mediodía
sostuvieron ambos, escuché que hablaban de Juana de Ibarbourou y de Alfonso Reyes,
entre otros asuntos. Yo llevaba conmigo el Confabulario personal en la edición de
Bruguera y de Joaquín Mortiz Varia invención. En este último, dedicándomelo, Arreola
anotó: “A Julio César, para que prosiga en su afán de formarse y escribir. Juan José
Arreola, primo hermano de Soledad Zúñiga Álzaga”. En la dedicatoria del Confabulario
simplemente expresó: “A Julio César Aguilar con fe en su destino”, y al final de la página
una nota en la que se lee: “Estas palabras me las puso en una dedicatoria Pablo Neruda
cuando estuvo en Zapotlán, hoy la he copiado para ti, jueves 21 de agosto de 1986”. Y
este 21 de septiembre de 2015, yo celebro desde College Station, Texas, el talento y la
grandeza de Juan José Arreola, y envío el más cálido abrazo a Claudia, Orso y Fuensanta,
testigos de lo que oyó su padre, aunque fuera un solo instante, “a través de la zarza
ardiente”.



* Julio César Aguilar, es poeta, escritor y doctor en letras.

Si usted gusta consultar la versión en Pdf de La gaceta Literaria puede hacerlo en este link: http://issuu.com/aquinatenses/docs/01-curvas

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