Guillermo Jiménez
Por: Rafael Nolasco Ramírez
¿Por qué publicar la primera obra editada de Jiménez y más en
el formato crítico en que se presenta al público está edición? Es la pregunta
que irá guiando estas líneas.
Quién es el autor de la Imitación de Cristo, es el primer texto
publicado de Guillermo Jiménez en 1914, cuando éste aun contaba con la corta
edad de 23 años. Este texto publicado en formato plaquette por su corta extensión, es impreso en Zapotlán en los talleres
de San Antonio no. 1, por un editor del que se tiene poca información: R.
Ramírez. Quién es el autor de la
Imitación de Cristo, permaneció durante muchas décadas como un texto
inaccesible al público lector ya que no se volvió a editar, incluso se tenía el
atisbo de ser una obra ya perdida.
Hasta que en 2011 el cronista de Ciudad Guzmán Fernando González Castólo
publica este texto encontrado entre los libros de la señorita Soledad Ochoa
Dávalos, conservando el estilo de la
edición de 1914[1].
Está edición que se presenta a
los lectores en esta ocasión, no sólo tiene un sentido conmemorativo al
celebrar los 100 años de Jiménez como escritor, ni tampoco de mera difusión
literaria, sino que por la estructura de esta edición, compuesta por varios
ensayos de diversos autores en torno al texto de Jiménez, tiene también una
finalidad documental. ¿Documental en qué sentido? En el germinal, documentando
la génesis de un escritor. Los escritores
—como cualquier otra disciplina, incluso la vida misma— no se gesta de
un día para otro, hay un proceso de crecimiento y maduración, de estire y
afloje, de premisas afirmadas y luego revocadas… Por ello, para ver la
evolución de un escritor no sólo hace falta sumergirse en las profundidades de
las obras de madurez sino también, en los textos de juventud, para dar cuenta
de su crecimiento y conocer el desarrollo de su maduración. Los escritores son
artesanos de la palabra, a medida que van construyendo frases van adquiriendo
destreza y claridad en su hacer, si es que son buenos en su oficio. Escribe
claro aquel que piensa o imagina con claridad, escribe con vigor quien con
vigor piensa. Esa claridad y ese vigor se van puliendo en el hacer, en la vida
misma. Y esto no quiere decir que toda vida tenga claridad de su hacer, por
ello la genealogía da luces sobre esto, ayudando a entrever el proceso
evolutivo de cualquier hacer.
Quién es el autor de la Imitación de Cristo, no sólo es la simiente
de su producción literaria y el adiestramiento y definición de su estilo
literario, sino que también es un texto que tiene mucho de biográfico que puede
otorgar claridades a los interesados en su obra. La narrativa de Jiménez está
llena de notas autobiográficas entremezcladas con escenas un tanto fantasiosas.
De tal manera que esa línea delgada que divide lo real de lo ideal se difuminan
y se pierden en los escritos de Guillermo. Esto es parte su estilo literario,
novelar y fantasear la realidad para otorgarle otros destellos de real
irrealidad.
Este texto de Jiménez, nos revela
los pasos primeros de su caminar en el mundo de las palabras. Las huellas que
va dejando en su camino, reflejan el proceso de su transformación literaria. A
medida que Jiménez va haciendo su camino, va definiendo su rumbo y el rumbo lo
va definiendo a él, es la espiral propia de la vida. La vida vivida no sólo es
configuradora de la personalidad, sino que en este con-figurar, la vida va
expresando la vivencia misma, va expresando
su sentido. La vida vivida entonces también es palabra en sí misma, es
expresión, se expresa en la vivencia, se expresa en sus actos. Jiménez plasma
la expresión de la vida en un papel, escribe lo que con claridad le expresa la
vida y su pensamiento. Escribe la vivencia de una riente campana del Seminario, la atmosfera de un enfermo día de febrero, una biblioteca oliente a papeles viejos, el primer encuentro con Cervantes, Fray Luis de León y Fray Luis de Granada, con Kempis o con Juan Gerson.
Parroquia de San José de Ciudad Guzmán
El lenguaje es el vestido
transparente de la vida, del pensamiento, es el vestido que denuncia la figura
de la vivencia. La vida es expresión y las palabras expresan la vida. Pero el
lenguaje así como la vida misma tiene múltiples interpretaciones, porque como
dice Gadamer “el lenguaje consiste en que las palabras, pese a su significado
concreto, no poseen un sentido univoco”[2].
Por ello el intérprete está constantemente expuesto al error, pero también
tiene la posibilidad de trazar mejores líneas de comprensión de lo que el mismo
autor plasmó o pudo expresar. Por ello, la publicación de textos de juventud de
un escritor, ayudan a los interesados lectores a trazar líneas de
interpretación no sólo de lo que por sí mismas expresan los textos, sino
también lo que propició su gestación. La hermenéutica, como método
interpretativo, no consiste en explicar meramente lo exterior, la vivencia
expresiva, sino también la interioridad de la que ha nacido esa vivencia. El
intérprete en su tarea interpretativa no toma un texto aislado y lo comprende,
sino que para comprenderlo lo inserta en su historia y traza el desarrollo de
este y las relaciones con los factores que intervienen en su gestación. Esto es
ir entendiendo la interioridad de lo externo.
El intérprete logra interpretar cuando se mueve dentro de lo ya
comprendido. No se puede interpretar algo que no se comprende, por eso, la
historia y el lenguaje son también posibilidades para la comprensión.
El lenguaje está instalado en la
historia, en el mundo, con un sentido particular, con un sentido propio de la
época. Las cosas no tienen un significado en sí mismas, pues significan algo
distinto según el proyecto y según el momento histórico por el que fueron hechas. El sentido de las cosas no sólo está fundado
en la realidad de las cosas, sino
también en la relación que tienen con la propia vida del hombre. La obra de
arte, en esta línea, no sólo es mera representación, imitación o incluso desrealización de la realidad, sino que es la presentación de un sentido, de un
proyecto referido a la vida. Si una
cosa “no tiene sentido”, es que no está referida a la vida. Martin Heidegger, filosofo alemán dice que el
“sentido es el horizonte del proyecto estructurado por el haber-previo, la
manera previa de ver y la manera de entender previa, horizonte desde el cual
algo se hace comprensible en cuanto algo”[3].
El sentido no tiene un modo independiente del modo como nos relacionamos o nos
comportamos. El sentido es el horizonte desde el que comprendemos la vida
vivida. Por esto, y en referencia a lo que nos toca aquí, el sentido de una obra de arte implica
siempre interpretar la realidad, la
vida, aunque en su interpretación, lo repito, desproporcionen y desrealicen la
realidad. Por ello es interpretación.
Los textos de Jiménez, su
expresión lingüística, son el receptáculo de la experiencia de un pueblo, el
sedimento de su pensar. Son las expresiones y el modo de vida del pueblo de
Zapotlán en la primera mitad del siglo
XX. Las obras de Guillermo tienen palabras
marcadas por las huellas del espíritu colectivo de los zapotlenses. Por
eso, la obra de Jiménez, como la de cualquier otro, es la actualización de una historia, es hacer presente a los lectores un
pasado. Quién es el autor de la Imitación
de Cristo, dibuja con palabras una vivencia rodeada por una tradición
cristiana de mediados del siglo XX, los juicios y prejuicios propios de la
tradición junto con sus anhelos y añoranzas. Por ello, el desarrollo de la
comprensión de un texto, no sólo revela el pasado en tanto que pasó, sino el
pasado como algo que tiene sentido para el hombre de hoy. Las tradiciones viven
en el fondo del presente sustentándolo, constituyéndolo, fundándolo.
La tradición es una transmisión,
en sentido estricto es entrega de un
modo, no sólo de ver la realidad, sino también de estar en ella. Por ello lo
transmitido interpela nuestro presente y abre las interrogantes sobre los modos
como construimos y desarrollamos la vida. El pasado y el presente en esa
interpelación que surge, se funden y en este proceso de fusión nacen nuevos
horizontes, nuevas perspectivas, nuevas interrogantes, nuevas interpretaciones…
La interpretación es apertura dia-logante,
si el interprete no dialoga abiertamente con el pasado y se deja interpelar por
él, sino dialoga con el contexto histórico y sus variables, y con su presente,
caerá irremediablemente en una interpretación mono-logante, es decir, una interpretación dónde su visión
prejuiciosa se impondrá sobre lo que intenta interpretar. El diálogo es vinculante, es la apertura al otro, a lo
que el otro me pueda decir e interpelar en mi propia vivencia. Por ello la
interpretación es un esfuerzo por salir de sí mismo hacia el otro, esperando
comprender y comunicar más.
¿Qué se genera con la publicación
de la primera obra publicada de Jiménez? Precisamente la apertura al dialogo
con él, con su época, su circunstancia, con su formación y sus influencias
primeras, con el inicio de un camino literario. Recibir un modo de estar y de
ver la realidad de Zapotlán y la de él para trazar líneas de comprensión con un
pasado común y nuestro presente. Se
genera también la visión del proceso germinal de un estilo literario que ha
tenido influencias en muchos personajes de Zapotlán. Con esta edición, se abre
la posibilidad para los lectores de acceder
al inicio de la marcha literaria de Jiménez y a otras interpretaciones y
otros estudios referentes a este primer paso.
Esta edición, como decía al
principio, no sólo es conmemorativa, sino también documental, pero sobre todo,
lo es para el disfrute de los lectores, ya que la vida es fiesta, la vida es
danza, la vida es caricia, la vida es escucha, la vida es lectura, la vida
vivida es disfrute.
Rafael Nolasco Ramírez, autor del ensayo
Bibliografía
Gadamer, Hans-George, Verdad y método, Editorial Sígueme,
Salamanca, (Vol. II), 2006.
Heidegger, Martin, Ser y tiempo, Editorial Trotta, Madrid,
2006.
Presentación del primer libro de Guillermo Jiménez, en: http://www.periodicoelsur.com/noticias_guzman.aspx?idnoticia=59145 (vi: enero 2014).
[1]
Presentación del primer libro de
Guillermo Jiménez, Miércoles 1 de
Junio del 2011, http://www.periodicoelsur.com/noticias_guzman.aspx?idnoticia=59145
(vi: enero 2014).
[2]
Hans-Georg Gadamer, Verdad y Método, Vol.
II, Ediciones Sígueme, Salamanca, 2006, p. 193.



No hay comentarios.:
Publicar un comentario